Arma poderosa.

Aliena.

Nací un 12 de diciembre de 1974 en Culiacán Sinaloa, México. Una ciudad violenta y dominada por el robo, extorsión y narcotráfico, por mencionar algunos de tantos males que aquejaban a la ciudad.

La violencia que mi ciudad natal vivía cobró una factura muy alta a mi pequeña familia, mi joven madre de 23 años, mi hermana de dos meses y yo, de dos años de edad: mi padre fue asesinado de una forma cobarde cuando sólo contaba con 28 años de edad.

Así, de repente, en un minuto nos habíamos quedado solas. El mundo de mi madre simplemente se desmoronó. No había futuro prometedor para nosotras. Mi madre nunca había trabajado en cosas que no fueran: ordeñar vacas o hacer las labores del hogar. Mi padre era el proveedor y el hombre de la casa y ya no estaba, se había ido…

La gente de alrededor comentaba que mi madre debía buscar a un hombre que la mantuviera y se hiciera cargo de nosotras, pero aunque ella era muy joven y su futuro era desalentador tenía un plan. Uno muy claro y que sin importar el costo llevaría al cabo: sus hijas estudiarían. Sabrían leer y escribir. No como ella, que ni la primaria había terminado.

Fue así como día tras día desde que mi padre murió, mi madre se dedicó a sembrar en mí un amor enorme por estudiar, un entusiasmo por adquirir conocimiento y sin darse cuenta, me dio una arma sumamente potente que hasta el día de hoy no ha encontrado ninguna defensa contra su poder: La pasión por leer.

No fue fácil, mi escuela no tenía libros, no había bibliotecas a mi alrededor, mi madre no podía comprarme libros en conclusión no tenía acceso a textos de calidad. Sólo a mis libros de escuela y a “sensacional de vaqueros” Mismos que leía con voracidad.

Fue en la adolescencia que una hermosa biblioteca se mostró ante mí y fue entonces que pude dar rienda suelta a mi amor por la lectura. Cursaba ya la secundaria.

Cuando terminé el nivel de secundaria mi madre me dijo con mucho orgullo “Listo hija he cumplido con mi objetivo” que estudiaras. Con espanto entendí el mensaje. Ya no podía costear mis estudios. Ahora me provoca ternura recordar ese momento. La secundaria era bastante estudio para ella pero no para mí ¡claro! El mal ya estaba hecho. Seguí mis estudios. Seguí leyendo…

Pero ¿Por qué escribo ésta pequeña historia?

Porque quiero compartir con los que leen este texto, que mi amor por la lectura me ayudó a encontrar respuestas en momentos en que me sentía desorientada, me ayudó a no sentirme sola en momentos tristes, me ayudó a lograr muchas metas que me había trazado y, en general, me ayudó a ser lo que soy hoy: una ciudadana de bien que logró salir airosa de un ambiente violento y de un panorama, que a la edad de dos años, era desalentador.

Los invito entonces a proveer de esta maravillosa arma a nuestros niños. Niños que en poco tiempo nos reemplazaran…

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